Clasificación de las Heridas


Una herida es una pérdida de continuidad de la piel o la mucosa debido a una rotura del tejido y que supone la pérdida de la esterilidad interna del organismo, siendo susceptible la zona dónde tiene lugar a padecer una infección.

Si la piel se encarga de protegernos frente acciones mecánicas del exterior, evitar infecciones y proteger frente a radiaciones, en el momento que se produzca una herida, ésta va a disminuir su eficacia en cuanto a su función se refiere. Al romperse, por tanto, esta barrera protectora entonces los gérmenes e incluso tejidos del propio organismo pueden entrar en contacto directo con capas menos accesibles de la piel y penetrar para causar una infección.

¿Cómo se clasifican las heridas?

Las heridas pueden ser leves o graves dependiendo del grado de compromiso que adquieran respecto a la salud de la persona. De todas formas, ante cualquier herida debe actuarse según un protocolo establecido de curas y primeros auxilios. Esta curación será de primera intención, si no se permite que quede abierta y se emplean puntos de sutura o grapas, o bien, de segunda intención si la dejamos abierta y permitimos que los propios procesos de curación y cicatrización sean los encargados de cerrarla.

En función del tiempo de evolución, tenemos las heridas leves que se dan en un corto período, y luego las heridas graves, que son las que persisten en un tiempo más prolongado.

  • Heridas Leves
    • Suelen ser traumáticas (golpes, quemaduras, cirugías, …)
    • No presentan complicaciones
    • Curación completa en un tiempo previsto
  • Heridas Graves
    • El tiempo de curación se prolonga; tienden a la cronificación
    • Los tejidos dañados no crecen
    • Excesiva inflamación o perfusión de oxígeno empobrecida
    • Riesgo o presencia de enfermedades concomitantes

Tipos de Heridas Agudas

Las más frecuentes son las heridas cortantes o incisas, que suelen estar producidas por objetos afilados, bisturís, cristal, etc… pudiendo incluso llegar a cortar tendondes, músculos y nervios. Dependiendo de la zona y el número de vasos sanguíneos o irrigación que exista, la herida poseerá una hemorragia escasa, moderada o abundante.

Heridas Agudas

Otro tipo de herida son las contusas, que se deben al impacto con objetos duros (piedras, metales, palos, choques, peleas,…) y que pueden lesionar tejidos blandos. Éstas, con mucha frecuencia, vienen acompañada de dolor y hematoma. Derivadas de éstas, tenemos las magulladoras, que se producen también por golpes y luego se acompañan de un moratón liloso.

Las heridas punzantes se producen por objetos puntiagudos o por mordeduras de animales como las serpientes. Lo que se da es un orificio de entrada con una lesión dolorosa pero con poca hemorragia. Aunque no lo parezca, es de las heridas más peligrosas ya que pueden ser profundas, provocando hemorragias internas que son, a veces, difíciles de detectar o que impiden la salida de sangre sucia o infectada al exterior, contaminando la zona de forma excesiva. Un ejemplo de ello es el tétanos.

Otro tipo de heridas, y que suelen infectarse fácilmente, son aquellas causadas por una fricción o raspadura, una abrasión o un rozamiento de la piel con una superficie dura o con capacidad de descamar demasiado la dermis.

En este tipo de heridas se pierde parte de la epidermis y esto viene acompañado de dolor y un ardor en la zona. La fricción o quemadura por fricción es muy habitual (p.ej co cuerdas o piedras).

Si en vez de fricción, se presiona de tal forma que el cuerpo o la zona del cuerpo queda atrapada, entonces se hablará de heridas por aplastamiento. Éstas son mucho más graves ya que, además de producirse una hemorragia interna y externa considerable, puede haber fractura ósea o lesiones en órganos.

Si la fuente que produce la herida es calorífica, podemos integrar también las quemaduras, aunque ya existe en botiquin.org un apartado específico para este tipo de lesiones.

Tipos de Heridas Graves o Crónicas

Las heridas graves también pueden ser heridas leves que no han evolucionado correctamente o cuyo origen es mucho más complejo de lo habitual (p.ej un accidente de tráfico en el que confluyen heridas de diversa índole).

En este caso, nos centraremos en aquellas que tienden a la cronificación y su curación requiere un esfuerzo regular y constante en el tiempo. Esta clasificación incluye 4 tipos de heridas:

  • Úlceras por presión
  • Úlceras vaculares
  • Úlceras neuropáticas
  • Úlceras neoplásicas

 Úlceras por presión

Son muy frecuentes en pacientes con problemas de movilidad, que han de permanecer mucho tiempo en cama, o que su función locomotora se ha deteriorada hasta tal punto que necesitan una ayuda externa para poderse movilizar.

Las úlceras por presión se clasifican en cuatro estadios perfectamente definidos:

  • Estadio I:  Aparece un eritema que cuando se presiona, no cambia de color. Este eritema puede tener un color morado, azul o un tono más bien rojo. El paciente puede observar cómo esa zona en concreta puede diferenciarse del resto de piel ya no por su color, sino por cambios en la temperatura, sensiblidad o la textura de la misma (más dura, por ejemplo).
  • Estadio II: La epidermis comienza a perder parte del grosor y esto puede llegar a afectar a la dermis. La úlcera se presenta como una especie de ampolla grande, un tejido abrasado, o bien, una especie de cráter.
  • Estadio III: Se pierde todo el grosor de la piel, y por tanto, se produce una lesión o una necrosis del tejido subcutáneo, sin afectar de momento a las membranas que envuelven los músculos.
  • Estadio IV: Pérdida y destrucción total de la piel acompañada de una necrosis del tejido. El músculo o el hueso se lesionan, así como las estructuras adyacentes que tengan que ver con el movimiento  como son los tendones o la cápsula articular.

Úlceras Vasculares

También se dan en el mismo tipo de pacientes que las úlceras por presión y además se suman pacientes que tengan graves problemas de circulación o transtornos severos del aparato circulatorio (sobretodo en extremidades). Se clasifican en 3 tipos:

  • Arteriales: A partir de una isquemia o una falta de riego sanguíneo, la extremidad queda afectada. Este tipo de lesión puede ser aguda, lo que se conoce como embolia arterial. O bien, puede ser  crónica derivada de una arteriosclerosis. La zona quedará pálida y fría. Dependiendo la zona, puede ocasionar la caída de cabello, de vello corporal e incluso de uñas.
  • Venosas: Se produce una alteración de tejido provocando un color rojizo y una zona atrofiada, todo ello como consecuencia de una insuficiencia venosa. Tal y como vimos en el post dedica a la insuficiencia venosa crónica, son las mujeres en edad adulta las más propensas a padecer este tipo de ulceraciones. Empiezan como pequeños traumatismo y luego se va irradiando, tanto en longitud como en circunferencia.
  • Mixtas: Cuando se da una arteriopatía y una insuficiencia venosa al mismo tiempo, se produce la lesión, mezcla de ambas. Son muy frecuentes que aparezcan en las piernas.

Úlcera neuropáticas

Se denominan así porque son consecuencia de otras patologías crónicas como la diabetes mellitus o la cirrosis. Estas lesiones se localizan en los piel y en el tercio distal de las extremidades. La persona notará hinchazón y calor en el pie constantemente. Todo ello acompañado de dolor y sensibilidad.

Úlceras neoplásicas

Son lesiones relacionadas con un tumor y que ya requieren de tratamiento quirúrgico o sesiones de radioterapia.

Fuentes y Agradecimiento: Laboratorios Salvat, S.A.

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